O tal vez no seamos nada. Porque por donde se mire en la vida sólo estamos. Jamás nos damos la oportunidad de ser, de sabernos completos, de querernos resueltos. Andamos tranquilos, llevando una monótona vida, como si eso fuera un escudo contra el fin.
El promedio de vida de una persona de clase media es hasta los 70, 80. Entonces, ¿llevar la vida que uno quiere, arriesgarse, o vivir simplemente respirando y siguiendo los cánones sociales y llegar seguro a los 70?
Todos sabemos la respuesta. Son pocos los que se arriesgan, incluso aquellos que no vivieron adecuadamente o alineados a la "vida normal" supieron cuál seria su fin. Porque al parecer hasta la vida de los "arriesgados" esta programada.
¿Qué seria de nosotros sin tanta programación? ¿Sin tanto orden? ¿Repudio? ¿Rechazo? ¿Soledad? ¿Sufrimiento? ¿Rendición? ¿Será que no somos seres para vivir por qué ni siquiera somos capaces de averiguarlo? ¿Se nos negaría la libertad de ser con tal de no arruinar toda un plano?
Definitivamente, si. La sociedad nos tiene un plan, las coordenadas de nuestra vidas, porque nuestras familias nos susurran lo mejor para nosotros según lo que a ellos le falte, porque nuestros amigos quieren que seamos feliz mientras no lo superemos, porque vivimos buscando la respuesta en el otro y nos olvidamos de nosotros.
No les propongo arriesgarse y caer, sino tener la valentía de emprender vuelo. Porque hasta las caídas nos son programadas. Intentemos reconstruir todo, dejar que ese destino roto se disuelva y sólo quede ese paisaje que tenemos que dibujar día a día. Cerremos los ojos y guiémonos por nuestros impulsos. Corramos, corramos hacia aquel momento osado, aquella aventura sin frenos, y si queremos volver, que nos sea con la cabeza baja.
Arriesguémonos a ser nuevos.
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